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Entrenamiento en Habilidades Sociales Presencial, solo hombres · Cochabamba

Cómo vencer el miedo al rechazo y la timidez en 2026

Del otro lado hay un sábado cualquiera: te sientas en una mesa con gente que no conocías y te quedas ahí hasta que se acaba la tarde. Nadie llega a eso de un salto. Se llega conversando una vez, y después otra, y después otra.

El sábado 19 de septiembre, en un auditorio de El Prado, un grupo de hombres de Cochabamba hace esa primera. Puedes ser uno de ellos.

Pablo Montes hablando frente a una pizarra donde un asistente escribió a mano: No puedo hablar con una chica. No sé qué decir.
Taller anterior · lo escribieron los asistentes
CuándoSábado 19 de septiembre de 202615:00 a 19:00 (cuatro horas)
DóndeAuditorio de la ICAMCámara de Industria, Comercio y Servicios · Av. Ballivián 782, El Prado, Cochabamba
SalaSolo hombres · 100 sillasIncluye refrigerio
Bs 100 Preventa
hasta el jueves 17, 23:59
Bs 200 Precio normal
viernes 18 y en la puerta
Quiero mi silla en preventaBs 100

Se abre WhatsApp con el mensaje escrito. Pablo te manda el QR y quedas en la lista.

No hay formularios ni registros públicos. Escribes, pagas por QR y tu nombre queda en una lista que solo ve Pablo.

Si alguna vez te pasó algo de esto

Pizarra de un taller con la frase escrita a mano: No sé qué decir.
  • Una chica te habla, la cabeza te grita «di algo» y de la boca no te sale nada.
  • Sales con tus cuates a la Muyurina y terminas pegado al celular mientras los demás conversan con gente nueva.
  • Caen cuatro segundos de silencio y sientes que tienes que llenarlos con cualquier cosa, o irte.
  • En las reuniones te dicen «habla más fuerte» desde que tienes memoria.
  • En un almuerzo familiar alguien suelta «¿y para cuándo la novia?», todos se ríen, tú también, y en el camino de vuelta le sigues dando vueltas.
  • Terminaste una relación de años y ya no te acuerdas cómo se le habla a alguien nuevo.
  • Llegas a tu casa y le das vueltas toda la noche a una conversación de dos minutos.
Pizarra de un taller con la frase escrita a mano: No puedo hablar con una chica.

Nadie nace con esto. Uno se entrena para quedarse callado, sin querer, desde chico. Y lo que se entrena, se desentrena. No viendo videos: practicando, con gente, en vivo.

Así vive Pablo hoy. A los veinticinco años no podía hacer nada de esto.

Abajo hay sábados normales: un café después de correr, una comida en el pasto, una mesa larga donde Pablo no conocía a la mitad de la gente cuando llegó.

Ninguna de estas fotos es una noche especial. Ese es el punto. Lo que se pierde el que no puede hablar con desconocidos no son las fiestas: son los martes, los almuerzos y las sobremesas.

Cinco personas en ropa deportiva sentadas al sol en la terraza de un café, después de una carrera. Pablo Montes está entre ellas.
Un domingo de correr. La primera vez, Pablo llegó solo y no conocía a nadie del grupo.
Tres personas en ropa deportiva sentadas en la terraza de un café de día, conversando.
Y esto es lo que pasó después de correr: se quedaron una hora conversando. No hay nada extraordinario en esta foto. Esa hora es justo la que hoy no puedes tener.
Cinco personas sentadas al aire libre comiendo comida callejera, de noche.
Comida al aire libre, entre semana. A los veinticinco, Pablo habría inventado una excusa para no ir.
Grupo de siete personas jóvenes posando frente a una pared con un texto escrito a mano. Pablo Montes se toma la foto desde adelante.
Salida de grupo, siete personas. Pablo no organizó nada: lo invitaron.
Grupo grande de personas sentadas alrededor de una mesa en un evento de intercambio de idiomas, con stickers de banderas de varios países pegados en la ropa.
Un evento de intercambio de idiomas. Cada sticker es un idioma que alguien de la mesa habla. A estos eventos entra cualquiera: pagas la entrada y te sientas. Lo difícil nunca fue entrar, fue quedarse en la mesa.
Nueve personas sentadas a los dos lados de una mesa larga de madera en un bar, con las cartas del menú sobre la mesa.
Una mesa larga, nueve personas, un miércoles. Hace unos años Pablo se habría sentado en la punta a mirar el celular.

La mitad de las mesas tienen mujeres. Ahí también hay que saber quedarse.

Casi todos los que le escriben a Pablo terminan preguntando lo mismo, aunque lo digan por partes: si esto sirve para que les vaya mejor con las mujeres. La respuesta corta es que sí. La respuesta larga está en las fotos de abajo.

Ahí no hay ningún secreto. En estas mesas Pablo no está haciendo nada distinto de lo que hace en las de arriba: llegó, saludó y se quedó. La habilidad no es una para hablar con hombres y otra para hablar con mujeres. Es la misma, y se cae siempre en el mismo sitio: a los cuatro segundos de silencio.

Abajo hay mesas, un viaje y también un par de abrazos. Ninguna de esas personas apareció por una frase bien dicha. Todas empezaron igual, con una conversación cualquiera que Pablo, a los veinticinco, no habría sostenido, y el cariño vino después, con los años.

Dos personas con lentes de sol y chupetes en la mano, haciendo caras graciosas en un cerro, con la ciudad al fondo. Pablo Montes está a la derecha.
Un domingo en el cerro, los dos haciendo caras para la foto. A los veinticinco, Pablo se habría puesto serio y se habría parado un metro más lejos.
Tres personas sentadas alrededor de una mesa redonda en una cafetería, con las cartas del menú abiertas sobre la mesa. Pablo Montes se toma la foto desde un costado.
Una mesa de café con las cartas todavía abiertas. No está pasando nada especial acá, y ese es el punto: durante años, esta fue exactamente la mesa de la que Pablo se levantaba primero.
Dos personas abrazadas frente a una formación de roca en un cañón, de día, con el cielo despejado detrás.
Un viaje de fin de semana. Los planes de tres días con gente no se consiguen: se heredan de conversaciones viejas. Esta empezó en una mesa como la de arriba, hace años.
Una mujer le da un beso en la mejilla a Pablo Montes, en un interior iluminado con luz de día.
Un beso en la mejilla, un martes, sin ninguna ocasión especial. Esto no se consigue con una técnica: aparece cuando uno se queda el tiempo suficiente en la vida de la gente. Hasta los veinticinco, Pablo se iba de las reuniones antes de que nadie alcanzara a conocerlo.
Dos personas abrazadas en una calle de noche, después de salir de un local.
Un abrazo en la calle, a la salida. Durante años Pablo se despidió por el grupo y desde la puerta, con la mano levantada, para no tener que acercarse a nadie de a uno.
Tres personas riéndose muy juntas en un bar decorado con banderines de colores. Pablo Montes está en el medio.
Tres personas riéndose de algo que no sale en la foto. Los tres están conversando, nada más: no hay técnica y no hay frase preparada. Lo que a Pablo le costó años fue justamente eso, quedarse en una mesa así sin buscar la puerta.

Nada de esto le llegó de golpe. Ninguna de estas fotos existía cuando Pablo tenía veinticinco años y se quedaba callado en la mesa. Cada una empezó igual: una conversación incómoda con alguien que no conocía, y después otra, y después otra, durante años.

El sábado 19 no vas a salir con esta vida. Vas a salir con la primera de esas conversaciones hecha.

Quién te va a dar la tarde

Pablo Montes Jordan es cochabambino y da la mentoría Conexión Natural.

A los veinticinco años no había tenido novia, y no era por feo: era porque se quedaba en blanco.

Durante años repitió la frase que casi todos repiten, «soy así, he sido así toda mi vida», hasta que entendió que la timidez es un hábito aprendido y que un hábito aprendido se desentrena practicando. Las fotos de arriba son el resultado de esa práctica, no de un cambio de personalidad.

Desde entonces se ha sentado a conversar con más de cuarenta hombres de Bolivia y de LATAM que llegaron con exactamente el mismo problema.

El 19 de septiembre hace en Cochabamba el primer entrenamiento boliviano de habilidades sociales para hombres.

Pablo no habla como coach. Habla como el que ya pasó por ahí y se acuerda bien de cómo era.

Cuatro horas de práctica, no una charla

El Entrenamiento en Habilidades Sociales es presencial. Pablo Montes explica una hora y los asistentes practican las tres restantes. Cada ejercicio se hace con los hombres que están en la sala, en parejas y en grupos, dentro del auditorio. Nadie te va a mandar a la calle a abordar a nadie.

El día termina con algo concreto: cada uno se lleva tres contactos nuevos de personas que conoció esa misma tarde.

Lo que Pablo no te promete: que salgas cambiado en cuatro horas, ni que salgas con la vida que acabas de ver en las fotos. Lo que se entrenó durante veinte años no se resuelve en una tarde, y él te lo dice antes de que pagues, no después.

Lo que sí te promete: la primera repetición real. La primera vez que sostienes el silencio sin huir, que hablas fuerte delante de gente, que te acercas a alguien que no conoces. Con él en la sala y rodeado de hombres que llegaron por lo mismo que tú.

Grupo de hombres sentados de espaldas durante un taller presencial de Pablo Montes.
Un taller anterior de Pablo. Foto real, tomada de espaldas a propósito: las caras que se ven en esta página son la suya y la de su gente, no la de sus alumnos.

Lo que se hace, en orden

Cuatro bloques, de tres a siete de la tarde, con un corte de refrigerio en el medio.

De dónde nace el miedo al rechazo

Aproximadamente una hora

Empieza con una pantalla. Cada asistente entra desde su celular a un link y escribe, sin nombre, eso que no le ha contado a nadie. Las frases aparecen en la pantalla del auditorio, anónimas, y ahí cada uno ve cuántos hombres de Cochabamba cargan exactamente lo mismo.

Con esas frases en pantalla, Pablo explica de dónde viene el miedo al rechazo: la parte vieja, la del cerebro que todavía cree que si el grupo te rechaza te mueres, y la parte tuya, la de las veces que hablaste y salió caro. También explica por qué entenderlo no alcanza: al subconsciente no se le convence con lógica, se le entrena con repeticiones.

El ejercicio del silencio

Aproximadamente una hora

El problema casi nunca es no saber qué decir. El problema son los cuatro segundos de silencio: a los cuatro segundos uno se asusta, suelta cualquier cosa o saca el celular, y ahí se muere la conversación.

Este bloque se hace en parejas, cambiando de compañero, con los hombres de la sala. Se practica sostener el silencio y dejar que el otro retome. Pablo va parando el ejercicio para corregir en el momento.

La voz: hablar fuerte y llevar la conversación

Aproximadamente una hora

El que habla bajito no es humilde: está bajando el volumen para que no lo miren. Y esa voz no se queda en la oficina, aparece con los cuates, con la familia y con cualquiera.

La voz no se arregla pensando, se arregla con el cuerpo. En este bloque se grita, se ocupa espacio y se habla delante del grupo, hasta que el cuerpo aprende que llamar la atención no cuesta nada. Los que pasan adelante se ofrecen; nadie sube obligado.

Tres contactos nuevos, ahí mismo

Aproximadamente una hora

El último bloque es el examen: cada asistente conversa con hombres que no conocía al llegar y sale del auditorio con tres contactos nuevos. No es un juego de dinámica de grupo; es la conversación de verdad, con un desconocido, hecha por primera vez sin huir.

Pablo cierra explicando por qué la mayoría abandona a la semana, y qué hace un hombre el lunes siguiente para que la tarde del sábado no se le borre.

Los ejercicios se hacen a tu ritmo y con el que tengas al lado. Pablo está en la sala las cuatro horas: no manda los ejercicios desde el escenario, los corrige mientras pasan.

Pablo Montes de pie, con el brazo extendido señalando la pantalla, dando un taller a un grupo de hombres sentados de espaldas.
Taller anterior · foto real

Antes de que preguntes: cómo va a ser la tarde

  • Llegas a las 14:40. Das tu nombre en la puerta, entras y te sientas donde quieras. Nadie te presenta ni te hace pararte al entrar.
  • Casi todos llegan solos. Ese es el punto del evento, no un problema.
  • Nadie sube al escenario obligado. Los que pasan adelante se ofrecen. Los ejercicios en parejas los haces en tu silla, con el que tengas al lado.
  • El primer ejercicio es anónimo. Lo escribes desde tu celular y aparece en la pantalla sin tu nombre.
  • No se graba a los asistentes. No hay cámara apuntando al público ni fotos de caras para redes. Si Pablo graba algo, graba el escenario.
  • Vas como sales a la calle. No hay código de vestimenta y no tienes que llevar nada más que tu celular con batería.
  • A las siete se termina. Los que quieren se quedan conversando; los que no, se van.

Nadie de tu entorno tiene por qué enterarse de que fuiste. En esa sala vas a estar rodeado de hombres que tampoco se lo contaron a nadie.

Guardar mi silla — Bs 100 en preventa

Lo que esto NO es

  • No es un curso de frases hechas ni de pasos. Querer gustarle a alguien está bien, y media sala va a ir por eso. Lo que no vas a encontrar son guiones para aplicarle a una persona: se notan, no funcionan, y el que los usa sigue con el mismo miedo debajo. Acá se entrena lo de abajo, que es entrar a una mesa y quedarse.
  • No te promete la vida de esas fotos, y no te promete a nadie. Arriba hay amigas, un viaje y un par de abrazos de Pablo, y están ahí para mostrarte que el camino llega a alguna parte. Ninguna de esas personas es un premio que se entrega el sábado a las siete. A cada una la conoció conversando, de a una, y el cariño le tomó años.
  • No hay Red Pill ni discurso contra las mujeres. Nadie te va a enseñar a tratar mal a alguien para que te haga caso. Pablo entrena lo contrario: conversar con gente, y las mujeres son parte de esa gente.
  • No se graba a nadie. No hay lentes escondidos, no se sube a redes la cara de ninguna persona que no haya dado permiso, y no se expone a nadie. Pablo lo hizo una vez y no le gustó.
  • No te promete pareja en treinta días. Ni en noventa. El que te pone plazo a eso te está vendiendo humo.
  • No es terapia. Es entrenamiento. Si lo que te pasa te paraliza incluso para salir de tu casa, lo primero es un psicólogo, y Pablo te lo va a decir en el chat antes de venderte una entrada.
  • No es un video más. Puedes ver mil videos y no cambiar nada; Pablo pasó años haciendo exactamente eso. Esto son cuatro horas en una sala, haciendo.

Si esto fuera humo, lo notarías en los primeros veinte minutos. Y a diferencia de un video, ahí me lo puedes decir en la cara.

Cuánto cuesta y hasta cuándo

Bs 100 Preventa
hasta el jueves 17 de septiembre, 23:59
Bs 200 Precio normal
el viernes 18 y en la puerta el mismo sábado, si quedan sillas

Bs 100 es más o menos lo que te sale una noche en la Muyurina: la entrada, un par de tragos y el taxi de vuelta.

Es el mismo dinero, gastado dos sábados distintos. De la Muyurina ya sabes cómo sales, porque saliste así la última vez: pegado al celular mientras los demás conversaban. Del sábado 19 sales con tres conversaciones hechas y tres contactos que no tenías el viernes.

Tu entrada incluye las cuatro horas completas, el refrigerio y los materiales de los ejercicios. No hay costos adicionales el día del evento ni nada que se venda adentro para poder participar.

No es un truco de vendedor. Pablo cierra la preventa el jueves porque el viernes tiene que confirmarle a la ICAM el número de sillas y el refrigerio, y ese número se confirma con los que ya pagaron. Después del jueves, la entrada cuesta Bs 200 para todos, incluido el que escriba el viernes.

El auditorio tiene cien sillas. No es una cifra de marketing: es lo que entra en la sala. Cuando esas cien estén pagadas, se cierra la lista, y no hay forma de meter una más el sábado a las tres.

Son tres pasos y toman dos minutos:

  1. Le escribes a Pablo por WhatsApp desde el botón de esta página.
  2. Él te manda el QR y pagas los Bs 100 desde la app de tu banco.
  3. Le mandas la captura con tu nombre completo y quedas en la lista.

El pago se hace solo por QR, dentro del chat. En esta página no hay ningún formulario de pago.

Pedir el QR por WhatsApp

Preguntas que me hacen por WhatsApp

¿Me van a hacer subir al escenario?

No. Nadie sube obligado. Los que pasan adelante se ofrecen, y siempre sobran voluntarios. Los ejercicios en parejas los haces en tu silla, con el que tengas al lado, a tu ritmo.

Al final, ¿esto es para que me vaya mejor con las mujeres?

Para muchos de los que van, sí. Y no hay nada raro en eso: querer una pareja, querer gustarle a alguien, querer que la cosa avance con la persona que te gusta. Es normal y no hace falta disfrazarlo. Pablo llegó por lo mismo, así que no te va a mirar raro por decirlo.

Ahora, lo que no vas a encontrar acá son frases armadas ni pasos para aplicarle a nadie. No funcionan: se notan a un kilómetro y te dejan igual de nervioso que antes. Lo que se entrena el sábado es lo que hay debajo: hablar sin quedarte en blanco, aguantar un silencio y sostener una mesa. Eso sirve para lo que viniste a buscar, y también con tu jefe, con tus cuates y con tu familia.

Tengo casi treinta y nunca he tenido nada serio. ¿Ya se me pasó el tiempo?

No, y esa cuenta no te la está haciendo nadie más que tú, de noche. Pablo se la hizo durante años y no le sirvió de nada: nadie recupera el tiempo comparándose. Lo que sí cambia algo es una conversación hecha hoy, y después otra. En la sala del 19 va a haber hombres de veintidós y hombres de cuarenta, y casi todos llegan pensando exactamente esto.

Voy solo y no conozco a nadie. ¿Está bien?

Casi todos van solos. Ese es exactamente el punto: el último bloque es conocer a tres personas ahí mismo. El que llega con un cuate suele practicar menos, no más.

¿Y si en cuatro horas no me cambia nada?

En cuatro horas no vas a salir cambiado, y Pablo no te lo va a decir. Vas a salir habiendo hecho por primera vez lo que llevas años evitando, rodeado de hombres que llegaron exactamente por lo mismo. Eso es lo que sí cambia una tarde.

Prefiero ir cuando esté un poco más preparado.

Nadie llega preparado. Estar listo no es el requisito para entrar: es justamente lo que vienes a buscar.

La preparación no aparece pensando en tu cuarto. Aparece hablando con gente, y hablar con gente es lo único que no puedes practicar solo. Por eso el que espera a sentirse listo espera para siempre: está esperando un resultado que solo llega haciendo justamente lo que está postergando.

Pablo esperó eso durante años. No le llegó ningún día en que se sintiera preparado; le llegó después, practicando, y las primeras veces fueron incómodas igual.

¿Me van a grabar? ¿Van a salir mi cara o mi nombre en redes?

No. No hay cámaras apuntando al público. Si Pablo graba algo, graba el escenario. Y si alguien quiere aparecer en una foto o en un video, tiene que darle permiso él mismo, por escrito, ese día.

¿Pueden ir mujeres?

No. El evento es solo para hombres, y esa es una decisión del formato: los ejercicios funcionan porque en la sala nadie tiene nada que demostrarle a nadie.

¿Hay edad mínima o máxima?

Está pensado para hombres desde los 21 años. No hay máximo.

¿Puedo pagar en la puerta o con tarjeta?

En la puerta también se paga por QR, pero ese día cuesta Bs 200 y solo si quedan sillas de las cien. Por ahora Pablo no cobra con tarjeta.

Pagué. ¿Cómo sé que estoy adentro?

Pablo te responde con tu nombre completo confirmado en la lista. Ese mensaje es tu entrada; no hay ticket impreso ni código. El sábado das tu nombre en la puerta.

Creo que lo mío es más grave: tengo ansiedad y casi no salgo.

Gracias por decirlo. Si lo que te pasa te paraliza en todo, incluso para salir de tu casa, lo primero es un psicólogo, y te lo digo en serio: esto es entrenamiento, no terapia. Si ya estás en tratamiento y quieres venir, eres bienvenido.

¿Qué llevo?

Tu celular con batería, porque el primer ejercicio se hace desde el celular. Nada más.

¿Las fotos de esta página son del evento?

No, y conviene decirlo. Las de la pizarra y las del grupo de espaldas son de talleres anteriores de Pablo, reales. Las otras son de su vida: sus amigos, sus mesas, sus viajes, gente que le dio permiso para publicarlas una por una. Del evento del 19 todavía no hay fotos, porque el evento es el 19.

Tengo otra duda que no está aquí.

Escríbele a Pablo y pregúntale. Contesta él, no un robot.

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Dónde y a qué hora

Auditorio de la ICAM Cámara de Industria, Comercio y Servicios de Cochabamba

Av. Ballivián 782, El Prado Sábado 19 de septiembre · puertas 14:40 · empieza 15:00 · termina 19:00

Llega a las 14:40 para dar tu nombre. El primer ejercicio arranca a las tres en punto y no se repite para el que llega tarde.

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Cien sillas, un sábado

Es el sábado 19, de tres a siete, en la ICAM. Lo único que falta hoy es un mensaje.

No tienes que contarle nada a nadie. Escribes, pagas y el sábado a las tres estás sentado en el auditorio, entre hombres que esta semana escribieron el mismo mensaje que tú.

Quiero mi silla — Bs 100 hasta el jueves 17

Nadie te va a apurar. Pero el que deja esto para más adelante lleva años dejándolo para más adelante, y «más adelante» no es un día del calendario. El sábado 19 sí lo es.

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