Pablo Montes Jordan es cochabambino y da la mentoría Conexión Natural.
Fue tímido e introvertido toda su vida. De niño le costaba hablar con desconocidos, y de grande siguió igual: sabía que tenía el problema y no hacía nada. En secreto envidiaba a los que sí podían; en público los criticaba. Se decía a sí mismo que ser retraído era señal de ser más inteligente, como si fuera una cualidad.
Así se le fue una parte grande de la vida. Hasta que terminó una relación de más de ocho años. Cuando cortó, se dio cuenta de que estaba solo, y de que si no hacía nada se iba a quedar así — o peor, se iba a conformar con alguien que no le gustaba.
Tenía dos caminos. Esperar a que el universo le trajera una buena mujer y amigos nuevos, o salir de su zona de confort y enfrentar el miedo. Después de años, eligió el segundo. Aceptó que era un desastre para esto y se puso a estudiarlo: primero un libro básico —lenguaje corporal, cómo vestirse, el perfume—, después un curso que le interesó por una sola cosa, los retos prácticos.
Y entonces pasó lo que le cambió el rumbo. Estaba en una fiesta con un amigo, decidido a aplicar algo de lo que había aprendido. A su lado había una chica. Se giró y le dijo: «Oye, me gusta tu outfit, te ves bien.» Nada más. Sin frase preparada, sin nada complicado. La conversación arrancó sola, ella le presentó a su amiga —las dos eran chilenas— y terminó dándole su Instagram.
Eso no le había pasado nunca en la vida. Ahí entendió dos cosas: que todo lo que había hecho hasta entonces estaba equivocado, y que este era el camino.
Unos meses de práctica después ya era bueno en esto: tenía citas seguido y oportunidades reales de formalizar una relación. Desde entonces se ha sentado a conversar con más de cuarenta hombres de Bolivia y de LATAM que llegaron con exactamente el mismo problema que tenía él.